Durante décadas, Norteamérica ha vivido bajo una ilusión conveniente. Comerciamos como un bloque, pero pensamos como tres países separados. Nos beneficiamos de la cercanía, pero sin asumir plenamente la responsabilidad que esa cercanía exige.
Esa ilusión está terminando.
En 2026, Estados Unidos, México y Canadá entrarán en la revisión obligatoria de seis años del T-MEC. El debate público probablemente se concentrará en balanzas comerciales, disputas de cumplimiento y ventajas políticas de corto plazo.
Pero esa no es la discusión de fondo.
Los volúmenes comerciales ya demuestran que el acuerdo funciona. La pregunta más profunda es si Norteamérica comprende el mundo en el que hoy opera.




