Paper III de III · La Salida de México
Cómo usar el acceso a América del Norte como palanca para el progreso institucional que urge para México
LAS REGLAS DE LA POBREZA / THE RULES OF POVERTY · Paper III de III
Esta serie empezó con una pregunta que he cargado toda la vida:
¿Por qué México es tan distinto de Estados Unidos y Canadá?
México se sumó a la economía de América del Norte hace 32 años. Nuestras fábricas, nuestras exportaciones y nuestras cadenas de suministro pasaron a formar parte de un sistema continental; la mayoría de nuestras instituciones siguieron funcionando como antes.
El Paper I preguntó cómo una región con tanta tierra, mar, talento, energía y cultura se quedó tan atrás de países a los que alguna vez igualó. Lo que encontré fueron reglas que, una y otra vez, premiaron la extracción por encima de la inclusión y permitieron que el bajo desempeño de México se prolongara durante generaciones.
En 1913, Argentina era más rica por persona que Alemania o Francia. El ingreso de América Latina llegó a su punto más alto en 1980, cerca de una quinta parte del ingreso estadounidense, y desde entonces ha perdido terreno, incluso durante los años posteriores al TLCAN.
La región dejó de converger hace 45 años. La geografía, la cultura y los recursos no pueden explicar esto por sí solos. Los dos Nogales están en el mismo desierto y comparten las mismas familias, y aun así sus ingresos guardan una proporción aproximada de tres a uno.
El Paper II preguntó por qué esas reglas se sostienen cuando su fracaso es evidente para todos los que viven bajo ellas. La respuesta fue la máquina de captura.
Quien gana el poder, de izquierda o de derecha, redentor o general, toma el control de los tribunales, las autoridades electorales, las empresas del Estado, los medios, las fuerzas de seguridad, los contratos públicos y los monopolios. Con el tiempo, la máquina se vuelve muy difícil de tocar; quienes lo intentan pueden correr verdadero peligro.
Este último paper trata sobre el país latinoamericano con la ruta más clara para salir de ese sistema, gracias a su asociación con Estados Unidos y Canadá: MÉXICO
Ésta es la pregunta que quiero que cada mexicano se detenga a considerar. Nuestros dos vecinos han pasado las últimas décadas elevando su ingreso por persona, su nivel de vida y su acceso al crédito, la salud, la seguridad y las oportunidades. Compartimos un continente, un tratado comercial y, en millones de familias como la mía, la sangre.
Entonces:
¿por qué vivimos así?
¿Cómo pasaron tantos años antes de que aceptáramos que el crecimiento no estaba llegando?
El estancamiento le convino a algunos, aunque haya sido malo para la mayoría, y esa es la realidad. México decidió ignorar las reglas del nuevo orden global, y la soberanía que conservamos se fue hacia las cúpulas de poder, no hacia la población. El país hoy lamentablemente no está diseñado para mejorarse a traves de sus instituciones. En Mexico carecemos de cosas muy basicas que toda nacion democractica y capitalista de instituciones tiene.
Si Mexico fuera un país democrático y de instituciones fuertes, entonces porque nos hacemos estas preguntas todas y todos los mexicanos?
¿Por qué hay tanta impunidad y corrupción?
¿Por qué no alcanzamos el nivel educativo de nuestros vecinos del norte?
¿Por qué no tenemos acceso a crédito competitivo?
¿Por qué hay tanta desigualdad e informalidad?
¿Por qué hay tanto crimen y tan poca confianza para invertir?
Hemos normalizado la impunidad, la mordida, la inseguridad y un sistema de partidos que hasta dueños hay como si fuera empresas privadas, y vemos operar al crimen mientras las autoridades que deberían enfrentarlo se hacen a un lado.
A plena luz se ha golpeado a las instituciones que sostienen al país, las que cobran sus impuestos, mueven su comercio y manejan la energia:
el SAT, las aduanas, Pemex y CFE. Protegerlas y fortalecerlas deberia de ser una prioridad de nuestro gobierno.
Debilitamos nuestros contrapesos, dejamos que la escuela les quede a deber a los jóvenes, y mantenemos una economía hecha para incluir a unos pocos.
Un país diseñado así convence a sus jóvenes de irse, y durante décadas eso han hecho millones, que hoy nos mandan miles de millones de dólares en remesas cada año desde países que sí les dieron lo que México nunca les dio.
No lo digo para avergonzar a nadie que se haya ido; lo digo porque quedarnos como estamos no es digno ni es sostenible.
La salida de México está clara y la podemos ver en modelos que ya conocemos de paises: de Europa, de nuestra propia América del Norte y de Asia.
No hay que copiarlos punto por punto, pero sí podemos emular y probar, y dejar de defender el modelo que nos está fallando.
Obtuvimos Acceso pero no dimos el paso
En 1994, el TLCAN abrió la puerta. La inversión extranjera se multiplicó, las exportaciones se dispararon e industrias enteras se instalaron en suelo mexicano.
México es hoy el principal socio de Estados Unidos en el comercio de bienes. En 2025 se movieron casi 872 mil millones de dólares entre los dos países. Es un logro extraordinario, y uno del que los mexicanos deberíamos sentirnos orgullosos.
Aun así, entre 1994 y 2025, la producción real por persona en México aumentó apenas cerca de 19 por ciento, aproximadamente 0.6 por ciento al año. Durante el mismo periodo creció alrededor de 1.6 por ciento anual en Estados Unidos y 1.1 por ciento en Canadá. Fueron los mismos 30 años, el mismo sistema comercial norteamericano, y México creció a una tercera parte del ritmo de sus vecinos.
Entre 1960 y 1980, antes del TLCAN, México sí duplicó su producción por persona.
Aqui lo que paso: con un peso fijo y disciplina en los sesenta, una industria protegida que abastecía el mercado interno, y en los setenta gasto público, deuda y petróleo. No es un modelo que quiera defender; se agotó por dentro y reventó en la crisis de 1982.
Lo traigo por una sola razón: aquel crecimiento vino de un empujón, no de instituciones fuertes. El TLCAN nunca iba a lanzarnos a la modernidad por sí solo. Es una ventaja comercial enorme, pero era la palanca que debimos usar para transformar a México por dentro: su gobierno hacia la inclusión y su economía hacia la competitividad global. Logramos palanca y nunca supimos dar el paso a la modernidad a traves de instituciones fuertes que generen confianza y que protejan a la ciudadania.
Después del tratado conseguimos acceso al mercado más grande del mundo, el acceso que cualquier otro país de la región habría querido tener. Lo que no hicimos fue reconfigurar el pais para alinearnos a los principios, mejores prácticas y formas para crecer como lo hizo Canada y Estados Unidos. Las personas que entendían el problema y tenían la autoridad para actuar nunca hicieron lo suficiente.
Hasta el auge del nearshoring que todos celebran merece una lectura más fría. La inversión extranjera alcanzó un récord de 40.9 mil millones de dólares en 2025, pero cerca de 7.4 mil millones —18 centavos de cada dólar— se clasificaron como inversión nueva. Buena parte del resto provino de utilidades reinvertidas.
La reinversión es positiva: las empresas suelen reinvertir donde esperan seguir haciendo negocio, y la inversión nueva también aumentó con fuerza respecto al año anterior. Aun así, la composición plantea una pregunta más difícil:
¿Cuántos mexicanos están construyendo patrimonio con esta ola?
¿Cuántas empresas, cuántos emprendedores y cuántas familias mexicanas la están aprovechando de verdad?
La respuesta es que menos de los que debería.
La inversión está llegando a México sin generar suficiente riqueza que se queda en Mexicanos o en México. Tampoco el valor de las exportaciones de las marcas registradas; somos sobre todo una plataforma de mano de obra barata.
México y Colombia siguen en el fondo de la OCDE en producción por persona, y México es el país que menos impuestos recauda entre todos sus miembros.
Le montamos una plataforma exportadora de primer mundo a una máquina vieja y, treinta años después, la máquina sigue casi intacta.
La Maquina de Hoy
Vamos a nombrar sus partes. Cada una carga un número que podemos revisar.
Impunidad: en 2024, el 93.2 por ciento de los delitos no se denunció o no dio lugar a una carpeta de investigación.
Informalidad: el 54.4 por ciento de la población ocupada trabajó en condiciones de informalidad en 2024 y generó el 25.4 por ciento de la producción del país.
Crédito: prestamos poco y a tasas altas. El crédito al sector privado apenas llega al 35 por ciento del PIB, un tercio de lo que se presta en Chile, y eso deja a millones de familias y pequeños negocios sin manera de financiar lo que quieren construir.
Impuestos: la recaudación de México llegó a 18.3 por ciento del PIB en 2024, el nivel más bajo de la OCDE.
Oligopolios: durante años, un puñado de empresas ha vivido de un mercado mexicano enorme mientras nuestras autoridades de competencia batallaban para hacerlas competir. En 2012, la OCDE estimó que la falta de competencia en telecomunicaciones había costado a los consumidores cerca de 1.8 por ciento del PIB al año entre 2005 y 2009.
Educación: sólo el 34 por ciento de los estudiantes mexicanos de 15 años alcanza al menos el nivel básico de competencia en matemáticas, frente a cerca del 69 por ciento en la OCDE.
Pemex: después de años con una deuda financiera superior a 100 mil millones de dólares, todavía debía 85.2 mil millones al final de 2025 y seguía dependiendo del apoyo del gobierno para cumplir sus obligaciones.
La máquina, además, se está concentrando.
Entre finales de 2024 y 2025 se disolvieron siete organismos autónomos y la mayoría de sus responsabilidades pasaron al gobierno. La primera elección judicial nacional eligió a un gran número de jueces federales con una participación cercana al 13%; El informe V-Dem 2026 clasifica a México como una autocracia electoral desde 2024. Otros monitores lo evalúan de manera distinta, pero la advertencia es demasiado seria para ignorarla.
En el Paper II describí los 71 años del PRI en el poder como parte de la historia del sistema, no como un ataque al gobierno actual. Cada sexenio ha tenido la oportunidad de cambiar la misma máquina, y cada administración ha decidido conservar demasiado de ella.
La gran apertura democrática de México llegó en el año 2000. Después de 71 años, el PRI finalmente perdió la presidencia. Ernesto Zedillo, el último presidente del PRI, entregó el poder a Vicente Fox, del PAN, y el PAN lo conservó durante doce años, hasta el final del gobierno de Felipe Calderón.
Cambiar al partido en el poder no cambió la estructura de fondo. Terminó el monopolio del PRI, pero la máquina continuó, sólo que en nuevas manos.
Lo que España nos enseña, dos veces
He estado leyendo Why Nations Fail, y hay un capítulo que no me suelta. Cuenta la historia de España e Inglaterra.
En el siglo XVI, España era la superpotencia. La plata de América pasaba por Sevilla, y la Corona se aseguró de que también pasara por sus manos. El comercio era un monopolio real; comerciar era un privilegio concedido a un grupo limitado; la riqueza del imperio pertenecía, en buena medida, a la corte y a las pocas familias que la rodeaban.
Inglaterra estaba lejos de ser incluyente bajo cualquier definición moderna. Sus comerciantes, sin embargo, tenían más espacio para negociar por cuenta propia. Con el tiempo, el Parlamento limitó la capacidad de la Corona para confiscar, y la propiedad se volvió más difícil de arrebatarle a quien la había creado.
España cayó en suspensión de pagos una y otra vez incluso mientras fluía la plata americana. Inglaterra se convirtió después en el centro del mundo industrial. En el arco largo de la historia, el sistema que dio a más personas espacio para participar produjo mucha más prosperidad.
México heredó buena parte del viejo manual español. El sistema extractivo sembrado aquí no se fue con los españoles; la independencia se lo entregó a nuevos dueños y, desde entonces, ha pasado de mano en mano, con otro nombre y otra pintura.
Cinco siglos de experiencia muestran que esto no puede explicarse por la sangre ni reducirse a la cultura o la herencia. El mexicano sale adelante cuando vive bajo reglas que protegen su esfuerzo. Millones de migrantes mexicanos han demostrado lo que se vuelve posible cuando el trabajo duro está respaldado por calles más seguras, crédito más profundo e instituciones que permiten construir y conservar lo construido.
España también ofrece una lección más reciente, y es la que me da esperanza.
Durante buena parte del siglo XX, España fue pobre para los estándares europeos, cerrada y autoritaria. Después de Franco, el país inició su transición democrática, adoptó una nueva constitución y se ancló a sus vecinos.
La membresía en la Comunidad Europea, en 1986, dio a esas reformas un ancla externa, las hizo más difíciles de revertir y llevó al país a aceptar reglas compartidas de comercio, competencia y administración pública.
Polonia siguió después una versión más exigente del mismo proceso, con estándares, plazos y monitoreo.
España, el imperio que alguna vez esparció un sistema extractivo por América, terminó encontrando su propio camino hacia una mayor inclusión. La gravedad de sus vecinos ayudó a jalarla hacia adelante.
México así como España a tenido al oportunidad de cambiar pero ha optado por continuar en un sistema que extrae y que no incluye. Compartimos 3,000 kilómetros de frontera, un tratado comercial y un sistema de producción con la economía más grande del planeta y con Canadá.
Ambos EUA y Canadá tienen problemas serios propios, como todos los paises del mundo, sin embargo saben atender sus problemas sin debilitar a sus instituciones o perder su razon de existir.
También tienen crédito más profundo, mayor capacidad para hacer cumplir la ley y algunos de los sistemas institucionales más exitosos del mundo moderno.
La evidencia de que existe otro camino ha estado a un lado toda mi vida.
Instituciones en el papel, exclusión en la práctica
México es muy bueno para escribir leyes y crear instituciones. La redacción nunca ha sido nuestra principal debilidad; el problema de fondo es cómo funcionan nuestras instituciones y a quién sirven en la práctica.
Instituciones que deberían estar ayudando a México a convertirse en un país moderno, seguro e incluyente, siguen recorriendo el viejo camino de la exclusión porque demasiados intereses viven de él: monopolios, sindicatos soldados a los partidos, contratistas soldados a los presupuestos y políticos soldados a sus franquicias.
Estos intereses funcionan como anticuerpos. Cuando una reforma amenaza un centro de poder, el sistema la rodea y la disuelve poco a poco.
El Paper II mostró este mecanismo a lo largo de un continente.
Como nación y como sociedad, nunca hemos decidido con suficiente claridad qué tipo de país queremos. La constitución habla de la soberanía y del pueblo, pero deja mucho espacio para la subjetividad. Este espacio de ambigüedad en nuestra constitución ha sido abusada una y otra vez.
Creo que nuestra constitución se deberia de re-escribir y afinar a los tiempos de hoy y a lo que más le conviene a las o los mexicanos por los proximos 100 años.
Quiero ser honesto sobre los límites de este ensayo; No tengo el mapa completo de la salida, y desconfío de quien diga tenerlo.
El primer paso es admitir, como nación, que la forma en que nos hemos gobernado no ha producido el progreso ni la riqueza que los mexicanos merecemos.
Cuando dejemos de defender el sistema por costumbre, lealtad partidista, orgullo o miedo, el trabajo será más fácil de ver.
Necesitamos abrir cada institución y observarla de cerca:
¿Cuáles son débiles?
¿Cuáles están infladas?
¿Qué nos falta?
¿Dónde están los contrapesos?
¿Qué instituciones existen porque los ciudadanos las necesitan, y cuáles sobreviven porque benefician a alguien poderoso?
Algunas tendrán que repararse; otras deberán fortalecerse, rehacerse o cerrarse. México necesita instituciones diseñadas para un gobierno moderno y para un mercado libre capaz de competir con el mundo. Demasiados de nuestros sistemas todavía pertenecen al país que éramos hace 50 años.
Será difícil, pero al menos podemos empezar con la ventaja de tener ejemplos que funcionan cerca de casa.
Lo que debemos hacer ahora
La justicia y la seguridad, primero. México gastó cerca del 0.5 por ciento del PIB en seguridad interna y justicia en 2025, mientras que una estimación reciente situó el impacto económico de la violencia en alrededor del 11 por ciento del PIB. Las dos cifras miden cosas diferentes, pero el desbalance es muy difícil de defender.
Toda reforma importante depende de la seguridad y la justicia, porque el capital, los negocios formales y la gente talentosa se retiran de los lugares donde los contratos valen poco y el delito casi nunca tiene consecuencias.
Educar al país entero, sin esperar al gobierno. Una sociedad educada es el suelo sobre el que se sostiene todo lo demás: forma mejores ciudadanos; los que defienden a los árbitros descritos en el Paper II, y mejores trabajadores; los que pueden capturar el valor de la inversión que llega a nuestra frontera en vez de verla pasar de largo.
El gobierno tiene que elevar el piso de cada escuela pública, pero el reto es demasiado grande y urgente para dejárselo únicamente al Estado; necesita un compromiso real del sector privado.
Empresas, fábricas, universidades, cámaras y grupos comunitarios pueden abrir sus espacios después de hora y convertirlos en aulas, y los mexicanos que ya saben algo pueden enseñárselo a quienes todavía no.
Cambiar cómo escogemos a los árbitros —tribunales, autoridades electorales y reguladores—. Los requisitos deben ser públicos, exigentes y basados en el mérito. Los nombramientos deben distribuirse en el tiempo para que un solo gobierno no pueda ocupar todos los puestos a la vez, y remover a un funcionario independiente por razones políticas debería ser difícil y visible para todos.
Esto protege a cada partido: cualquiera que hoy gobierna puede estar mañana en la oposición, y los árbitros independientes son el mejor seguro que todos los bandos pueden comprar.
Construirlos requerirá la participación de los políticos, porque las instituciones duraderas no pueden imponerse desde fuera del sistema político.
Transparencia total en el dinero de campaña. México debe mantener un financiamiento público fuerte para que los partidos no dependan de unas cuantas fortunas privadas.
El público debe saber quién aporta el dinero y quién se beneficia de él, sobre todo cuando los donantes tienen vínculos con contratistas del gobierno. Hay que proteger la autonomía del INE y fortalecer su capacidad para auditar, investigar e imponer consecuencias reales.
Ningún ministerio, gobernador, contratista o fortuna privada debería poder comprar un partido político por una puerta que el público no puede ver.
Volverse formal, radicalmente más simple. Abrir un negocio, pagar impuestos, importar y exportar mercancías, contratar a un trabajador y registrar una propiedad son procesos que yo reemplazaría de fondo, en lugar de administrar pequeñas mejoras durante años.
Brasil ofrece un ejemplo: lanzó Pix en 2020 y, cinco años después, casi 170 millones de brasileños lo utilizaban. Pix redujo el costo de mover dinero, incorporó a millones a las finanzas digitales y le dio a los negocios pequeños un sistema de pagos antes reservado a las grandes empresas.
No borró la informalidad, pero mostró qué tan rápido cambia la gente sus hábitos cuando un sistema es útil, barato y digno de confianza.
Las y los mexicanos necesitan ver instituciones que trabajen para ellos sin importar quién gobierne, y necesitan ver resultados en un plazo razonable.
Algunos cambios podrían empezar a construirla:
Bancos que compiten. Crear un ecosistema bancaria altamente competitivo para que ofrezcan más al consumidor.
Piso legal y financiamiento para emprender. Empezar algo en México debería sentirse como una decisión razonable, no como un acto de fe.
Gente joven y capaz en el gobierno. El exalcalde de San Pedro Garza García, Miguel Treviño, ha hablado de atraer talento joven al servicio público y de usar la tecnología para hacer los servicios más rápidos, sencillos y baratos (lo cuenta en su documental Construyendo el Norte). Demasiados mexicanos talentosos no ven el servicio público como un lugar donde puedan construir una carrera seria, y necesitamos a más de ellos dentro del gobierno si esperamos que la maquinaria gubernamental mejore.
Aduana, comercio y talento. La aduana y el comercio deben ser simples y eficientes; México debería ser reconocido como uno de los países más modernos y favorables al comercio, uno que mueve la actividad legítima con verificación y confianza, no tratando a cada persona y empresa como posibles infractores. Y necesitamos recuperar talento y abrir las puertas a gente valiosa de todo el mundo, con un sistema migratorio moderno y eficiente, para que las empresas y las instituciones mexicanas atraigan al mejor talento disponible.
El T-MEC como ancla. El 1 de julio de 2026, los tres gobiernos hicieron su primera revisión conjunta; Estados Unidos no confirmó la extensión por dieciséis años, y el acuerdo entra en revisiones anuales, vigente hasta 2036, con negociaciones bilaterales ya en marcha. Ese calendario asusta a un país sin preparación y disciplina a uno serio.
El T-MEC es mucho más estrecho que la Unión Europea y no puede reconstruir nuestra policía, escoger a nuestros jueces ni limpiar nuestras cuentas; Washington y Ottawa negociarán por sus intereses, como todo gobierno. Pero México puede usar la revisión para obligarse a cumplir una promesa: publicar nuestros propios estándares y plazos —cuánto tardan los tribunales en resolver un caso, cómo se asignan los contratos, qué tan rápido libera la aduana el comercio legítimo, cómo se nombra a los reguladores, cómo reportan las empresas del Estado— y medirlos en público cada año.
Una nación ejerce su soberanía cuando escoge su propio rumbo y se hace responsable de los resultados. Adoptar estándares que protejan a los ciudadanos mexicanos fortalecería esa soberanía, no la entregaría. España usó a Europa como su ancla;
México puede usar a América del Norte, siempre que el compromiso empiece aquí, en casa.
Nuestra Casa es México
México es una nación rica en territorio, energía, geografía, cultura y, sobre todo, en gente. Una nación rica se debe a sí misma los sistemas que permiten a su gente demostrar de lo que es capaz. Maximizar el potencial de México significa maximizar a los mexicanos: su seguridad, su crédito, su educación, su libertad para crear y su derecho a construir y conservar lo construido.
Nuestros vecinos del norte tienen muchas fallas propias. Aun así, sus instituciones han producido más seguridad, crédito más profundo, mayor productividad y más oportunidades para más personas, durante más tiempo, que el sistema que hemos defendido en casa.
La respuesta honesta es reconocer lo que funciona, aprenderlo, adaptarlo a México y ponernos a alcanzarlos. Cinco siglos de evidencia apuntan a lo mismo: los países prosperan cuando sus reglas protegen el esfuerzo de la mayoría, no el privilegio de unos cuantos.
El futuro de México no está al sur de sus problemas; está al norte de sus decisiones.
Aquí concluye Las Reglas de la Pobreza / The Rules of Poverty.
Fuentes: Banco Mundial (ingreso per cápita, dólares constantes 2015); INEGI / ENOE y ENVIPE 2024; OCDE (recaudación, telecomunicaciones 2012, PISA); Secretaría de Economía (IED 2025); Pemex (deuda, cierre 2025); IEP, Índice de Paz México (costo de la violencia); V-Dem 2026; Banco Central de Brasil (Pix); Miguel Treviño, documental Construyendo el Norte; Why Nations Fail, Acemoglu y Robinson.


