Norteamérica ya funciona como un sistema integrado.
El T-MEC no es solo un tratado comercial. Es una estructura que define cómo protegemos la inversión, cómo competimos, cómo producimos, cómo resolvemos disputas y cómo nos vinculamos en sectores que van desde lo digital hasta lo energético.
No solo bajamos aranceles.
Construimos una arquitectura común.
Nuestras cadenas de suministro están entrelazadas. El capital cruza fronteras todos los días. Las redes eléctricas son interdependientes. Compartimos agua, aire y océanos. Los mercados laborales reaccionan entre sí en tiempo real.
Desde mi experiencia como operador de comercio transfronterizo entre México y Estados Unidos, esto no es teoría. Lo veo en los cruces diarios de carga, en la expansión de parques industriales, en nuevas inversiones que apuestan a décadas, no a ciclos políticos. El crecimiento de nuestra empresa ha crecido al ritmo de la integración del continente.
En lo económico, estamos unidos.
En lo político y estratégico, todavía…




